¡De lesión, a la medalla! Alejandra Ortega apunta a Los Angeles 2028 tras su plata mundial en marcha
La mexicana resurge tras lesión y conquista plata mundial con apoyo de Alfonso Ortiz. Ahora apunta a Los Angeles 2028 con ambición de medalla olímpica
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La medalla de plata de Alejandra Ortega en Brasilia no solo confirmó uno de los mejores momentos de su carrera, también expuso el fondo de una historia marcada por la constancia, la reconstrucción y el trabajo colectivo. La marchista mexicana volvió a colocarse entre las mejores del mundo en una prueba que ya asoma como una de las claves del siguiente ciclo olímpico, y detrás del resultado aparece una sociedad deportiva que hoy presume avances visibles.
En Peloteando, Ortega y su entrenador Alfonso Ortiz explicaron cómo se construyó ese resultado. Ella habló del valor emocional de la medalla, de sus dudas superadas y de la ilusión de cerrar su trayectoria rumbo a Los Angeles 2028; él detalló el proceso de recuperación, la planeación y el papel del equipo multidisciplinario en una etapa en la que la atleta volvió a encontrar dirección.
La medalla que confirmó que podía pelear con las mejores

“Estoy muy contenta por el resultado que hicimos en Brasil. Han sido años de mucho trabajo”, explicó Alejandra Ortega al recordar la plata conseguida en el Campeonato Mundial. La marchista subrayó que, desde que comenzó a trabajar con Alfonso Ortiz hace casi un año, ha visto una evolución importante en su desempeño. Para ella, la medalla es el fruto de un esfuerzo conjunto, del respaldo del equipo multidisciplinario y de un proceso que también siente compartido con la afición mexicana: “Esta también es para todos los mexicanos”.
Ortiz reveló que el inicio no fue sencillo. “Con ella fue un proceso complicado porque venía de una lesión; era empezar de cero e ir construyendo poco a poco”, señaló. En ese recorrido, explicó, fue importante el empuje del grupo con el que entrena y la capacidad de ir integrando a Alejandra a una dinámica competitiva. El técnico destacó que el avance no se dio de forma aislada, sino con seguimiento constante para ajustar cargas, ordenar el trabajo y llevarla a competir contra las mejores del mundo.
Ese crecimiento le dejó a Ortega una certeza que antes no tenía. “Me hace pensar que tengo la capacidad para estar ahí”, dijo. Reconoció que durante mucho tiempo dudó de poder pelear codo a codo con las mejores marchistas, pero ahora, al ver fotos y videos de la competencia, se sorprende del avance que ha tenido. Para la mexicana, ese cambio responde a “un trabajo de constancia, de disciplina, pero sobre todo de corazón”, porque sabe que el entrenamiento suele ser duro y que sostenerlo exige algo más que condición física.
El rescate deportivo y el valor del equipo
Alejandra también recordó que hace apenas un año su carrera atravesaba uno de sus momentos más confusos. No solo arrastraba una lesión; también vivía circunstancias personales que la tenían desorientada y sin una ruta clara para seguir en el alto rendimiento. En ese escenario, ubica a Alfonso Ortiz como una figura decisiva. “Creo que el que me rescató fue el profesor Alfonso”, contó. Explicó que entonces tenía pocas opciones, que incluso dudaba si él la aceptaría porque trabajaba con Ricardo Ortiz, al que definió como el mejor mexicano, y porque ella llegaba tras casi cuatro meses sin poder hacer marcha. “No sé cómo confió en mí, pero me dio otra vez la oportunidad. Él fue mi salvación para volver a regresar a la marcha”, resumió.
Ortiz explicó que ese rescate no depende solo de la intuición del entrenador. “Yo me encargo de la planificación, de organizar qué se va a hacer y en qué momento, pero también está el médico, que te dice cuándo bajar la carga para evitar sobreentrenamiento o lesiones; está el psicólogo, que es muy importante, y también la parte de nutrición”, detalló. Cada área, dijo, se encarga de una parte del proceso y, cuando todo eso se conjunta, aparecen resultados como el de Brasilia.
El entrenador insistió en que el gran cambio está en entender al deportista como una persona y no como una máquina. “A veces uno como entrenador piensa que son máquinas, pero no lo son”, admitió. Explicó que, cuando se comprende que el atleta también carga con asuntos fuera del entrenamiento, cambia la forma de exigir. Hay días en los que el ánimo no está en su punto más alto o en los que simplemente el cuerpo no responde, y en esos casos el trabajo consiste en detectar qué está fallando y atenderlo. Para Ortiz, la clave está en la sinergia: no es solo el entrenador, ni solo el atleta, sino mucha más gente trabajando para que el rendimiento aparezca.
Los Angeles 2028 en el horizonte
La convicción del grupo era tan fuerte que, según contó la propia Alejandra, las señales de una medalla aparecieron desde semanas antes. “Un mes o mes y medio antes, el entrenador me decía que iba a ser campeona del mundo”, recordó. Aunque no tenía claro el color de la presea, sí entendía que el trabajo estaba enfocado a subir al podio. La noche previa a la competencia, Ortiz le pidió visualizarse en grande, confiar en todo lo que habían hecho y no perder de vista el objetivo. “Tienes que estar preparada para ser medallista”, fue el mensaje que, según la atleta, la acompañó en la víspera.
Con ese respaldo, Ortega ya mira más lejos. “Ya estoy pensando en el retiro en Los Angeles 2028”, confesó. Su intención es cerrar su carrera con broche de oro y pelear por una medalla olímpica. Considera que el grupo trabaja precisamente para eso y que los resultados recientes la colocan ya entre las mejores del maratón y del medio maratón. La meta, dijo, es seguir esforzándose junto a su entrenador y con toda la gente que la respalda para llegar en condiciones de pelear por ese lugar en el podio.
Antes de eso, el calendario ofrece escalas importantes. Ortega puso la mira en el nuevo ciclo olímpico: Juegos Centroamericanos, Panamericanos, Mundial y Juegos Olímpicos. En lo inmediato, quiere refrendar su título en Santo Domingo, donde anticipa una competencia fuerte y no descarta que la pelea por el oro sea con otra mexicana, incluso con Alegna González. Aun así, dejó clara su postura: “Al final vamos por un país, es México”. También explicó que ya no podrá buscar el récord que dejó pendiente en El Salvador, porque la prueba cambió al medio maratón, aunque su objetivo sigue siendo el mismo: terminar el año en lo más alto del podio.
Sobre esa nueva distancia, la marchista no detecta un cambio radical. “No hay tanta diferencia. Es un kilómetro y prácticamente es el mismo trabajo”, comentó. Desde su perspectiva, la adaptación ha sido natural y el esfuerzo sigue la misma lógica. Esa lectura coincide con el momento que vive: una atleta que volvió a creer, un entrenador que supo reconstruir desde la lesión y un equipo que hoy trabaja con la vista puesta en la prueba que debutará en Los Angeles 2028. La plata en Brasilia no fue una meta final; fue una confirmación de que Alejandra Ortega volvió a estar donde quería estar.


