El nuevo balón del fútbol colombiano: impresiones buenas y malas que deja la pelota en su estreno
El implemento ha generado halagos y críticas por aspectos directamente ligados a su diseño y la diferencia en los movimientos.

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Con la puesta en marcha de la segunda jornada de la Liga BetPlay Dimayor 2026-II, la mayor novedad del fútbol profersional colombiano está en el balón. La organización ha estrenado el implemento y ha causado impacto por diversos factores. Temas que tienen que ver con el diseño y también con el comportamiento del utensilio en los partidos que ya se jugaron dejan impresiones buenas y malas.
Es un hecho que habrá que acostumbrarse, pues será la pelota que acompañe el desarrollo de todos los certámenes de Dimayor a lo largo del 2026. En medio de algunas críticas, no se ve como algo probable que se vaya a optar por cambios en la composición del implemento, pero sí hay algunas mejoras en otros aspectos que podrían contribuir a que se disfrute más de esta innovación.
Diseño que gusta, pero difícil de ver
De lo que más ha gustado del nuevo balón está en el diseño. Que la empresa fabricante se haya decidido a dejar atrás temáticas necesariamente relacionadas con la cultura propia de Colombia, como sombreros vueltiaos, guacamayas y banderas del país, está generando buenos comentarios. La combinación del azul y el verde fluorescente ha dado una sensación de avance tecnológico e innovación que invita a pensar en progreso.
El gran problema radica para la vista de los espectadores. Cuando la pelota va rodando, se crea un efecto con el que aparece cuando muestra los lados de color y se pierde por la parte blanca, actuando como si se tratara de luces strober o estroboscópicas. El inconveniente empeora cuando va por aire y el ángulo del observador queda con las tribunas al fondo, pues el implemento termina perdiéndose entre la cantidad de colores que pueden encontrarse entre la gradas.
Sensación de menos peso
Lo que se ha visto es un balón que parece moverse con mayor liviandad a lo que siempre se había visto en el fútbol colombiano. Los jugadores que gozan de un buen pie para generar pases de propuesta ofensiva parecerían requerir de un menor esfuerzo para patear la pelota. De igual manera, cuando hay disparos hacia los arcos y la pelota se estrella contra algún defensor, deja la sensación de no hacer tanto daño en el impacto.
Es una percepción es mucho más cercana a los útiles utilizados en certámenes Conmebol y que siempre se ha mostrado como una complicación para los equipos colombianos que clasifican, debiendo adaptarse a condiciones bien diferentes a las que se aplican en la mayor parte de su actividad dentro de los torneos locales. Será una cuestión de tiempo para que los futbolistas le tomen la medida justa al peso de la pelota.
Rebote más complicado
Hilado a lo que se ha mencionado hasta ahora, todavía no está muy claro por qué se ve tanta dificultad por parte de los jugadores para controlar. Bien podría ser por lo que se venía diciendo del peso y la falta de costumbre, pero también es posible que las dificultades que tienen los espectadores para ver la pelota las tengan también los deportistas. De ser esto último, Dimayor tendrá que hacer algo al respecto junto con la empresa fabricante.
Lo que sí es un hecho es que este balón rebota más. Ha quedado en evidencia cómo hay más dificultad para llevar el juego sobre el terreno cuando el esférico está bajando de manera completamente vertical. Los futbolistas ya está optando por saltar a cabecear hacia cualquier parte, antes que arriesgarse a un control que salga mal y derive en una situación de peligro a favor del rival.
Mejoras con otros aspectos
Ya se anticipaba que cambiar el diseño y la composición del balón va a ser algo complicado por más críticas que haya alrededor. No obstante, eso no significa que no se pueda hacer nada al respecto con mejoras en otros elementos. Por ejemplo, en cuanto a la dificultad visual, exigir la mejor iluminación en los estadios y estudiar con la producción de televisión un ajuste de imagen en cuanto a distancias y colorización que favorezca.
Para lo de la complicaciones al controlar a raíz del rebote mayor, el estado de las canchas es clave. La costumbre de ver auténticos potreros, como el que está actualmente en el Estadio Bello Horizonte Rey Pelé de Villavicencio, se tiene que acabar. Jugar con esta nueva pelota en un mal campo va a ser un verdadero martirio para el espectáculo, llegando a ver partidos lejos de un nivel profesional.


