UEFA mantiene boicot a FIFA pese a retractarse del FIFA Forward Enterprise
La confederación europea considera insuficientes las disculpas de la FIFA y exige garantías vinculantes antes de volver a sus competiciones

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La retirada del proyecto FIFA Forward Enterprise no logró cerrar la mayor crisis institucional reciente del futbol internacional. La UEFA confirmó que mantiene vigente su boicot a las competiciones organizadas por la FIFA, al considerar que el organismo mundial todavía no ha cumplido todas las condiciones exigidas por las 55 federaciones europeas para normalizar las relaciones.
La postura fue ratificada después de que la FIFA reconociera errores, ofreciera disculpas y retirara definitivamente la iniciativa que buscaba trasladar parte de sus operaciones comerciales a una nueva filial. Para la UEFA, la cancelación del proyecto únicamente resolvió una parte del conflicto, porque sigue pendiente una garantía formal de que las competiciones internacionales nunca volverán a abrirse a una participación privada semejante.
La retirada del FFE no cumple todas las exigencias
La amenaza europea había quedado establecida desde el 30 de julio, cuando la UEFA y sus federaciones miembro anunciaron que sus selecciones no participarían en torneos de la FIFA mientras el FFE siguiera sobre la mesa. El regreso estaba condicionado a dos puntos: el abandono completo de la propuesta y la entrega de garantías vinculantes contra futuros intentos de incorporar propiedad privada a la gobernanza o las competiciones. Aunque el primer requisito fue atendido, Europa sostiene que el segundo permanece sin respuesta.
“Estas condiciones no se han cumplido”, respondió la UEFA tras conocer el resultado de la reunión de emergencia celebrada por la dirigencia de la FIFA en Rabat, Marruecos. El organismo europeo recordó que su rechazo no se limitaba al posible ingreso de inversionistas, sino que también cuestionaba la manera en que una transformación de esa magnitud fue diseñada sin una consulta previa amplia. La desconfianza se mantiene porque Europa busca impedir que una operación similar pueda reactivarse mediante otro mecanismo.
La propuesta de FIFA Forward Enterprise contemplaba concentrar en una filial las actividades comerciales y operativas relacionadas con la organización de eventos. Según la explicación de la FIFA, el organismo conservaría el control de la empresa y utilizaría inversión externa para generar recursos adicionales, entre ellos fondos de desarrollo de hasta 20 millones de dólares por federación entre 2027 y 2030. La UEFA interpretó el modelo como una transferencia de intereses económicos sobre el Mundial y otros torneos a inversionistas privados.
El organismo europeo había celebrado inicialmente que la propuesta fuera retirada, pero advirtió que ese paso no representaba el final del problema. En su comunicado del 1 de agosto pidió identificar a los responsables, revisar la forma en que se desarrolló el proyecto y establecer mecanismos de rendición de cuentas. Para la UEFA, la discusión dejó de ser únicamente comercial y se convirtió en una disputa sobre transparencia, autoridad y protección del patrimonio del futbol.
La FIFA respondió mediante una reunión de su cúpula directiva en Rabat. Allí admitió que el Consejo y las asociaciones miembro pudieron sentirse excluidos, reconoció fallas en el proceso y en la gestión posterior a la filtración del proyecto, y prometió entregar un informe en su siguiente reunión. Sin embargo, el mismo comunicado reafirmó el respaldo total a Gianni Infantino y aseguró que las actuaciones se realizaron dentro del marco regulatorio de la organización.
La declaración también indicó que la FIFA no toleraría nuevos ataques contra su integridad, su gobernanza y su reputación. Esa advertencia aumentó las diferencias, debido a que los sectores críticos consideran que cuestionar el proyecto no representa una agresión, sino un ejercicio legítimo de supervisión. Las disculpas por los procedimientos no fueron acompañadas por una admisión de responsabilidad política ni por reformas inmediatas en la estructura de decisión.
La confianza en Infantino, el verdadero punto de ruptura
La UEFA reiteró que ha perdido la confianza en la presidencia de Gianni Infantino y desestimó el respaldo expresado por la administración de la FIFA. Incluso cuestionó que el apoyo proviniera de funcionarios cuyos cargos dependen de la dirección presidencial. El mensaje representa un desafío directo al liderazgo de Infantino y confirma que la marcha atrás del FFE no resolvió el enfrentamiento político.
El conflicto adquiere mayor relevancia ante el proceso electoral previsto para marzo de 2027, en el que Infantino aparece como el único candidato declarado a la presidencia. La oposición europea podría impulsar una revisión de su continuidad o favorecer la presentación de una candidatura alternativa. Por ahora, la amenaza de no participar en competiciones de la FIFA sigue funcionando como la principal herramienta de presión de la UEFA.
Las críticas tampoco están limitadas al futbol europeo. La Conmebol expresó preocupación por las acciones unilaterales de la FIFA y reclamó que las decisiones de gran impacto sean discutidas mediante los mecanismos institucionales previstos. La posición sudamericana muestra que el retiro del proyecto evitó una ruptura inmediata, pero no eliminó los cuestionamientos sobre la conducción del organismo mundial.
FIFPRO también elevó el tono al señalar que el FFE desapareció, pero no el abuso de poder que permitió su elaboración. El sindicato mundial de futbolistas exige participación jurídicamente vinculante en decisiones importantes, derechos de voto para los actores del futbol profesional y reformas que impidan nuevas resoluciones unilaterales. Para los jugadores, una investigación interna controlada por las mismas autoridades que fueron marginadas o permitieron el proceso no es suficiente para recuperar la legitimidad.
La crisis, por tanto, sigue abierta. La UEFA ya no reclama únicamente que el FIFA Forward Enterprise permanezca archivado, sino garantías legales, responsabilidades individuales y cambios estructurales en la gobernanza. Mientras la FIFA presenta sus disculpas y su revisión interna como pasos para restablecer la confianza, Europa sostiene que esa confianza no puede recuperarse sin compromisos verificables que limiten el poder de futuras administraciones.


